a mi padre, que murió soñando con un mundo más justo

domingo, 3 de junio de 2012

los últimos mineros


Aunque no seamos conscientes, estamos ante un nuevo modo de producción y nuevas formas de conflictividad. La antigua clase obrera industrial está en proceso de transformación y decadencia y surgen nuevas relaciones laborales que han complicado esa oposición tradicional obreros-patronos.
Los mineros (asturianos, leoneses, palentinos, onubenes, turolenses, vascos) fueron durante el pasado siglo la vanguardia de esa "famélica legión" de la que hablaba la Internacional. En España los mineros fueron un pilar fundamental de la fortaleza del movimiento obrero desde finales del siglo XIX, pero hoy, después de reconversiones y cierres, solo unos miles luchan todavía por evitar que sus pozos se clausuren. El sector es en la actualidad menos competitivo que nunca y no puede sostenerse por sí mismo.
Los últimos miles de mineros y sus reivindicaciones son el símbolo del ocaso de la antigua clase obrera y las formas de conflictividad tradicional. Aunque desfasados y acabados por no rentables, en su tiempo desempeñaron un papel esencial en la consecución de logros fundamentales en el campo político y laboral: en la crisis de 1917, durante los años de gran tensión de la II República y en las décadas de hierro del franquismo.
He escuchado a algunos asturianos criticar sus supuestos "privilegios", pero yo no los entiendo como tal, sino como derechos que lograron con su organización y tesón.


Estos últimos mineros protestaban hace unos días por las calles de la misma ciudad por las que hace unas semanas gritaban los indignados. Viejas y nuevas formas de lucha coinciden antes de que las primeras desaparezcan y las segundas se impongan: frente a los mineros, organizados e ideologizados, los "indignados", sin objetivos claros, desideologizados, superficiales. Dudo que los de los globitos de colores, los del grito mudo puedan en las próximas décadas conservar ni la décima parte de las conquistas que los obreros lograron con los mineros a la cabeza.
Que las formas de lucha cambien, no significa que lo han a mejor y que las nuevas resistencias sean más efectivas que las antiguas. De todos modos, tiempo habrá para comprobarlo.
A lo largo de la historia los poderosos solo han cedido en un contexto amenazador, solo han cedido cuando han tenido miedo y ha visto en peligro sus privilegios ante la presencia de una verdadera alternativa. Hoy los viejos mineros que protestan en las calles madrileñas son un puñado de fantasmas venidos de otro tiempo y no parece haber nada que quite el sueño a especuladores, banqueros y empresarios sin escrúpulos. Estoy seguro que cuando estos últimos ven por televisión las acampadas y protestas "infantiles" de los indignados se escribe en su cara una sonrisa mezclada con un gesto de desprecio.

2 comentarios:

Joselu dijo...

Tu post hace pensar. Pienso en esas movilizaciones del 15-M que han sido escrutadas hasta el mínimo detalle para demostrar que no eran violentas, y que los antidisturbios atacaban y reprimían a muchachos y yayas pacíficos. Parecía que esa era su fuerza moral. Por otro lado están los antisistema, los que rompen escaparates, los que destrozan cajeros automáticos, los que queman contenedores y mobiliario urbano…

En la década de 1890 hay un sentimiento de pánico de la burguesía occidental. El movimiento obrero se está organizando y cada vez es más radical. Los intelectuales simpatizan con esas formas de lucha en que los obreros son reprimidos con fuerzas a caballo y sables, y donde hay siempre muertos por la contundencia de la represión. El movimiento obrero está ideologizado entre el marxismo y el anarquismo y pretenden los obreros una sociedad distinta, basada en otros parámetros sociales en que la clase obrera será el eje.

Se podría decir que nos hemos convertido en clase media todos, hasta los obreros. El manifiesto comunista decía que los proletarios no tenían nada que perder excepto las cadenas. Hoy todos tenemos que perder. El capitalismo nos ha hecho partícipes de su sistema de organización. Tenemos las nóminas en los bancos, cobramos a través de ellos, tenemos algún plazo fijo… Dependemos del sistema bancario. Los mineros de la lucha tradicional tenían una fuerza, una tradición, cartuchos de dinamita y convicción.

Estamos emblandecidos y comprados. Cuando el sistema bancario entra en crisis nuestro culito se estremece, porque tenemos allí los ahorros. Tenemos que perder.

Aunque si lo perdemos todo, tal vez se rompan los diques de contención.

Juan Carlos Doncel dijo...

Es evidente, es alguna ocasión yo también lo he comentado: el capitalismo nos compró. Los mineros, los obreros y los jornaleros no tenían casa ni propiedades, no tenían nada que perder y ahí radicaba su fuerza. Hoy todos tenemos mucho que perder. Tu última reflexión abre el camino a un cambio de circunstancias, si llega un momento en que lo perdamos todo otra vez, ¿qué ocurrirá?. Volverá la radicalización pero no creo que vuelva la organización y la ideologización. Creo que volveremos a formas de conflicto preindustrial: explosiones incontroladas y frecuentemente violentas, pero desprovistas por desgracia de objetivos a largo plazo y una organización sólida. Un saludo