Mañana hay huelga general en el ámbito educativo. Y yo la hago. Me da igual que vayan cuatro, me da igual que la convoquen sindicatos desprestigiados, me da igual "que no sirva para nada", solo me importa poner de manifiesto mi indignación con estos cuatreros que con la excusa de la crisis quieren destruir el patrimonio colectivo de todo un país.
Hago huelga en defensa de la educación pública de calidad pero también por muchas más cosas. Hago huelga porque todas las personas somos iguales en derechos y oportunidades, porque no quiero que los que tienen vuelvan a convertir esta tierra en su cortijo, hago huelga porque me toca las narices que a la gente le quiten una prótesis porque no puede pagarla, hago huelga porque tienen la desvergüerza de negarle la asistencia sanitaria completa a una persona simplemente por ser un maldito negro inmigrante ilegal, hago huelga porque quieren volver a reducir a los pobres a mano de obra semiesclava que apenas sepa leer y escribir, hago huelga porque a este sistema capitalista de mierda le sobra el 25% de la población y están hartos de mantenerla y asistirla. Hago huelga , además, porque quieren imponerme de nuevo su moral, su fe y su visión del mundo. Estoy harto y por eso, hago huelga. Hago esta huelga y todas las que se pongan por delante. Frente a ellos, contra ellos.
No tienen la corrupción de Italia o Grecia, no han vivido el subidón de cocaína durante 12 años como España, no se han chuleado por el barrio exhibiendo su supuesto milagro al estilo coreano como Irlanda. Los portugueses solo han ido tirando, cometiendo errores y con sus problemas, como todo el mundo, pero solo tirando. Hoy el país es duramente castigado, lleva años haciendo los deberes sin rechistar y la respuesta desde el norte es siempre la misma: no es suficiente, hace falta más, y más, y más... Cuando la ciudadanía o las instituciones (como el Tribunal Constitucional) se rebelan la respuesta es contundente: no os resistáis o será peor.
Hoy el futuro de Portugal es negro. Los servicios sociales se derrumban, la sanidad y la educación están en situación crítica, el tejido productivo está por los suelos. El gobierno, servil y obediente, ya no sabe donde recortar y tiene poco margen. A este paso, quién sabe, podemos llegar a una situación apocalíptica: el castillo y el bello palacio de Guimarães puede que algún día se derrumben presa del abandono, con el tiempo el viejo funicular del Bom Jesus dejará de funcionar, será imposible subir por el valle glaciar del río Zezere porque las carreteras de la Serra da Estrela estarán abandonadas y solo los todoterrenos se atreverán a intentarlo, en las aldeias históricas de la Beira interior ya no quedará nadie y permanecerán todas en completo abandono, en el viejo Oporto la Unesco habrá retirado el título de Patrimonio de la Humanidad porque el deterioro será ya demasiado, las casas del Alentejo rural ya no serán de un blanco inmaculado, estarán ennegrecidas y no reflejarán con pasión el intenso sol veraniego, en Coimbra las ruinas romanas de Conimbriga estarán cerradas por peligro de derrumbe ante la falta de mantenimiento mientras la universidad languidecerá lentamente, en el Algarve ya solo vivirán alemanes e ingleses, ya no volveré a poder quedarme en la agradable Pensión Atlántica de São Martinho do Porto porque habrá cerrado, y Lisboa, no sé que será de Lisboa, puede que su precioso Museo del Azulejo esté cerrado, que su Vía Augusta esté sucia y maloliente, que su Avenida da Liberdade termine cambiando de nombre y en el Chiado haya cerrado la antigua libreria Bertrand.
Hoy, más que nunca, Portugal necesita una nueva revolución de los claveles. Sin embargo, ¿quién es el enemigo a batir?, ¿contra quién hay que salir a la calle?, ¿contra la Merkel?, ¿contra el FMI?, ¿contra los mercados?, ¿contra quién?. Hace casi 40 años cuando sonó Grândola, vila morena los portugueses tenían un enemigo claro y una esperanza factible, hoy todo es mucho más difícil. De todos modos, por lo menos ellos tienen una fecha para el orgullo y un himno que cantar en los momentos de desesperación.
Dejo este vídeo de una manifestación en la Praça do Comercio y si tenemos paciencia, a mitad del vídeo se canta la canción de José Afonso, simplemente emocionante. 25 DE ABRIL SEMPRE: NOVA REVOLUÇÃO DOS CRAVOS.
Esta mañana estaba en Plasencia y me he acercado al Valle del Jerte para ver los cerezos en flor. Estaban en plena floración (este año muy tardía). El paisaje era precioso pero artificial.Quien define la floración de más de un millón de cerezos como un prodigio de la naturaleza se equivoca. Es todo lo contrario, es un prodigio de la intervención humana en la naturaleza con la imposición de un monocultivo arbóreo de gran belleza y gran utilidad económica pero poco o nulo valor ecológico y natural. Desbarro, lo siento. Como decía, me he acercado al valle, he visitado Cabezuela y Valdastillas y luego he tenido la brillante idea de acercame con el coche a la maravillosa cascada cerca a este último pueblo. Grave error. Cientos de turistas colapsaban la pequeña pista asfaltada que llega al lugar que solo un mes antes visité en la más absoluta soledad. Abandoné como pude la zona (y no fue fácil) y huí hacia lugares más tranquilos. En el pueblo de Cabrero me senté en un bonito mirador a escribir estas palabras que ahora estáis leyendo. Solo, con miles de árboles blancos delante de mis narices, pensé que hoy es 14 de abril, que HACE 82 AÑOS MILLONES DE ILUSIONES Y ESPERANZAS TAMBIÉN FLORECIERON A LA VEZ, SOÑANDO CON HACER REALIDAD UN MUNDO MEJOR. Escribí estas palabras sobre una pequeña hoja que había encontrado rebuscando en mi mochila y mientras recordaba la emotiva experiencia del pasado viernes, cuando mis compañeros de instituto y yo nos reunimos en nuestra tradicional comida republicana. El restaurante de siempre había cerrado y mi compañera Isabel, diligente como siempre, encontró un sencillo bar-restaurante como sustituto. Pregunté a Isabel si allí podríamos sacar nuestras banderas (siempre llevamos las de Sebas y la mía) y me dijo que sin problemas. Lo que nos sorprendió a todos fue que el dueño quisiera además fotografiarnos con el símbolo republicano para "colgarlo en facebook". Aunque Isabel lo conocia, ambos nos quedamos emotivamente sorprendidos cuando luego se acercó a nosotros y nos dijo: "yo tengo que tener cuidado porque tengo un negocio, pero quiero que sepáis que estoy contento con que hayáis venido, no olvido que a mi abuelo lo llevaron a la plaza de su pueblo y allí lo fusilaron". Toda la comida se le notó contento mientras nos servía. Como siempre nosotros cantamos nuestras canciones: En la plaza de mi pueblo, Grândola, El Himno de Riego. No solo no se molestó, sino que luego le preguntó a Isabel porqué no cantábamos más. Al final nos dimos un buen abrazo. Isabel y yo coincidimos que ese lugar merece ser sede de futuras comidas republicanas, sin duda.
Hace un rato que llegué a Cáceres y lo primero que he hecho es coger mi pequeña hojita escrita en aquel mirador de Cabrero y pasarla al blog, antes de que deje de ser 14 abril. Todos los años escribo algo y hoy también tenía que ser. ¡SALUD Y REPÚBLICA!.
Francisco I es un hombre sencillo, cercano a su pueblo cristiano. Apóstol de los pobres, ha decidido ponerse el nombre de Francisco de Asís en recuerdo de aquel que todo lo dejó por seguir una vida de extrema sencillez y humildad. En Buenos Aires viajaba en bus, respirando el mismo aire que la gente normal y ahora, ya Papa, no para de romper el protocolo, pronto le van a llamar Francisco alias "rompeprotocolos". Y que decir de su pasión desmedida por los pobres, por los que siente un amor casi lascivo, un sentimiento incontrolado que le ha llevado a tocarlos y acercarse a ellos en algunas ocasiones, superando el comprensible miedo que genera tocar a esa chusma que te puede pegar de todo. Desde que ha sido nombrado para tan alta magistratura, los pobres de todo el mundo y de todas las confesiones ya no están solos, y están contentos porque pronto el nuevo Papa les dará mucha, pero que mucha caridad y podrán ser felices en sus putrefactos escondrijos rodeados de sus hijos sucios y malolientes, viviendo con intensidad la maravillosa sensación de que el Papa está con ellos, viviendo como uno más su sufrimiento.
Nada más ser nombrado Papa, el Vaticano ha comenzado a mover su máquina propagandística para retratarnos un pontífice casi celestial. Pero esto no se lo cree ni dios. Bergoglio es en realidad un anciano retrógrado más, como lo es el resto de un colegio cardenalicio que en su totalidad fue elegido por los reaccionarios Wojtila y Ratzinger. Sus opiniones sobre el papel de la mujer en la Iglesia o la homosexualidad y su defensa de la caridad como alternativa a la justicia social sonrojarían a cualquier persona con una mentalidad abierta y solidaria, a eso habría que añadir su papel durante la dictadura argentina, cubierto de algunos nubarrones.
Que nadie espere nada de este Papa, porque nada va a ocurrir. Por mi parte, yo he seguido su elección desde la distancia, a mí quien sea Papa me da exactamente igual. Sin embargo, me ha llamado la atención el circo mediático que se ha montado entorno a su elección. Ha tenido mucho de folclórico y poco de emotivo. En esta Europa cada vez más alejada de la magia, el protocolo vaticano ha resultado atractivo, ha generado una curiosidad propia de un concurso televisivo, mientras en las casas de apuestas se movía el dinero a espuertas. Pero no ha pasado de ahí, ahora que se desveló el nombre del nominado, la mayoría vuelve a su vida, una vida cada vez más ajena a una Iglesia carcomida por sus propias contradicciones, presa de una doctrina caduca que no puede cambiar sin cuestionar su identidad, una Iglesia nostálgica de viejas épocas de gloria en las que su visión del mundo era incuestionada e incuestionable y a todos nos oprimía, una Iglesia que sufre una sangria permanente atenazada en Europa por la amenaza laica y en América por el avance abrumador del protestantismo, una Iglesia que ya solo es capaz de movilizar a un puñado de fanáticos y beatos que a la desesperada intentan hacer el mayor ruido posible y mostrar siempre esa irritante sonrisa propia de quienes se obcecan en aparentar ante los demás que sus creencias les llenan tanto que viven en un inacabable orgasmo de felicidad perpetua.
Ha muerto Chávez y mis sentimientos son contradictorios. A mí Chávez no me gustaba, era un populista bananero, histriónico; no me inspiraba confianza, no me gustan los militares metidos a revolucionarios que engatusan a los humildes con verborrea antiimperialista, mucha religiosidad popular (tenía a dios todo el día en la boca) y la promesa obscena de un mundo feliz al final del túnel. No me parecía un hombre serio y con un sólido armazón ideológico. Tampoco me gustaba su tendencia hacia el autoritarismo y su egocentrismo, que a veces rozaba el ridículo. Muchas veces me sonrojaba con las sandeces que decía, algunas (pocas) me reía con sus ocurrencias como en aquel memorable discurso ante la ONU.
Sin embargo, Chávez era también otras cosas. En una Venezuela carcomida durante decenios (quizás siglos) por la avaricia y la inhumanidad de la oligarquía y su fiel ayudante la clase media acomodada, Chávez fijó por primera vez la mirada en los desarrapados, en los miserables que, siendo mayoría, siempre habían permanecido en un rincón, con la cabeza gacha, abandonados, despreciados. Esos "muertos de hambre" siempre le fueron fieles y le permitieron ganar repetidas elecciones por amplia mayoría. Cuando la oposición de blanquitos acomodados atacaba a Chávez y le acusaba de dictador a mi me crecía la indignación: yo me preguntaba ¿quiénes eran ellos para cuestionar la democracia de Chávez y su control (evidente por otra parte) de la propaganda y los medios de comunicación? esa oligarquía blanca acomodada no puede dar lecciones de democracia a nadie porque nunca la practicaron en esa larga eternidad en la que controlaron el poder, tampoco pueden dar lecciones de lucha contra la corrupción porque ellos la practicaron de forma ominosa mientras los pobres no tenían nada, ni pan ni dignidad. Chávez es una consecuencia de esa Venezuela inhumana y oligárquica que tan poco se preocupó de la gente sencilla, sin la desvergüenza de los ricos no hubiera aparecido un iluminado que arrasara en las urnas. Puede que sea un cantamañanas, pero Chávez es su cantamañanas, el cantamañanas de los que no tienen. Cuando él llegó al poder fue la primera vez que los sin nada se sintieron identificados con un presidente en Venezuela.
Hoy, cuando veía el cortejo fúnebre presidido por el vicepresidente Maduro y por Evo Morales, sentí cierta emoción, pero no la sentí por Chávez, la sentí por los miles de venezolanos de clase baja, gente sencilla, que honraban su cuerpo y que ahora que su mesías se ha ido quedan de nuevo expuestos al poder omnímodo de la oligarquía de toda la vida, esa que los llamaba monos y los trataba como animales.
Hace unos días tuve una interesante conversación con dos alumnas. Fue una conversación franca, abierta, agradable. Recuerdo que les comenté como me sentía, la desesperanza que me abatía en el campo profesional. Me respondieron con palabras muy bonitas sobre mi labor como profesor que cargaron mis viejas baterias, esas que cada vez con más frecuencia es necesario volver a cargar.
Desde hace algunos años noto un aumento paulatino de mi desesperanza como educador, la desesperante sensación de lo que les cuento o les digo no les interesa nada, se lo diga como se lo diga. Su aburrimiento se prolonga durante seis largas horas en las que la conflictividad es casi imposible que no aflore. Como profesional te ves embarrado en una ciénaga de cansancio, aburrimiento y también miedo, miedo a perder el control sobre unos chavales que están más cansados que tú. El otro día encontré una interesantísima reflexión en la red sobre los motivos que explican ese creciente abismo entre lo que interesa a los chavales y lo que les contamos. Recomiendo vivamente su lectura. Si nos acercamos a los alumnos, les escuchamos, nos sentamos con ellos y dejamos que se abran a nosotros nos lo dejarán bien claro: en su mundo no cabe la reflexión o el pensamiento, sino lo banal, lo inmediato, no cabe el sufrimiento o el dolor sino el disfrute. Esa actitud no puede atribuirse exclusivamente a la edad, sino también a una dinámica general que también afecta a los adultos y que se ha convertido en norma general de esta sociedad.
En relación con lo anteriormente dicho, observo con excesiva conciencia la cada vez mayor inutilidad de mi tarea profesional y el peligroso aumento de los periodos de crisis profesional en los que esa inutilidad se hace insoportable. Soy de natural alegre y buscó conservar la pasión que siempre ha caracterizado mi forma de transmitir conocimientos y valores pero, en ocasiones, me cuesta mucho, pero que mucho, seguir hacia adelante. Por eso la importancia de esas palabras bonitas.
Llevo días pensando que esto no puede seguir así, que tengo que buscar asideros que borren o por lo menos reduzcan los periodos críticos y sus efectos. Lo primero debe ser, eso lo he pensado siempre, no dejarme llevar por la autocompasión, no convertirme en un perro lastimero, no lloriquear por las esquinas, pero hasta eso cuesta cada vez más. Lo segundo es no dejarse llevar por una interpretación catastrofista: aunque esto esté hecho una mierda no podemos repetirlo continuamente y no nos lleva a ningún sitio llegar a la conclusión de que esto es una mierda. La aparente solución sería adoptar como propia una visión idealista, ser muy positivo y creer que todo se puede arreglar: juntos podemos hacer de la educación una experiencia maravillosa, hay un gran futuro por delante. Sin embargo, mi natural escéptico y mi visión descarnadamente realista del mundo que me rodea no me permite asumir esa visión del futuro, me resulta fantasiosa, casi pueril. Queda una última posibilidad, pasar de todo, que todo te resbale. Lo he intentado pero no puedo, soy educador por vocación, soy incapaz de desvincularme de mis alumnos, de no sentirlos cerca, trabajo con personas y me niego a deshumanizarlas.
¿Qué hacer? no tengo ni idea. De momento, pretendo ganar pequeñas batallas, conservar lo que me queda, no perder los restos de pasión, seguir escuchando a mis alumnos, escarbar en su conciencia social dormida, ofrecerles trato humano y cuando la desesperanza me embargue, recordar esas y otras palabras bonitas.
A mí nunca me gustó la música clásica, o mas bien nunca me interesó. Me crié en un ambiente popular, en una familia obrera del sur, en una casa en la se escuchaba flamenco, a Juanito Valderrama o El Cabrero y se interesaban por los programas de copla. Recuerdo cuando íbamos en el coche camino de nuestro baño en el río (en el Salor, en el Ayuela) en una época en la que a lo único que aspiraban los obreros en verano era a pasar un buen día de campo con nevera y chapuzón. Las vacaciones tal y como se entienden ahora no se contemplaban. Íbamos en el coche escuchando la música ya citada o canciones reivindicativas que gustaban a mi padre: música de la revolución cubana, canciones republicanas reeditadas en la Transición. Hoy, cuando las vuelvo a escuchar me recuerdan a aquellos tiempos en los que los ríos estaban llenos de vida y yo disfrutaba cogiendo renacuajos o buscando galápagos y persiguiendo grillos. Para mi gente la música clásica eran acordes extraños solo saboreables por ricos y culturetas de clase media de los que ellos estaban a años luz.
Pasó el tiempo y mi adolescencia se inundó de música cañera, de heavy metal. Hoy todavía cuando escucho The Trooper de Iron Maiden ("los maiden") me entra una euforia difícil de controlar, me vuelven a la mente aquellos días de instituto en los que nos escapábamos mis colegas y yo al mercado de Cáceres y algunos de ellos, bastante descontrolados y con mucha cara, robaban para mí el último casete de Accept, Iron Maiden o Judas Priest. Yo era un chaval responsable y empollón y no sabía donde meterme cuando me ofrecían la prueba del delito como un signo de amistad.
Como buen heavy, me costó abrir mi mente adolescente a nuevas músicas y, cuando lo hice, no amplié demasiado el espectro musical. Como otros cañeros, me empecé a interesar por el folk, especialmente de origen celta, también aunque en menor medida, por las músicas del mundo y algún que otro disco New Age. Siempre he me preguntado porque a muchos heavy cañeros les encanta el folk. De todos modos, seguí disfrutando de la caña, de la música dura, por entonces empezó Extremoduro y pronto me cautivó. Hoy, cuando escucho a los Chieftains, a la Musgaña, a Milladoiro, a Oskorri, a Wendall, regresan a mi mente muy buenos momentos de la época universitaria.
Después de la universidad, por fin, me convertí poco a poco en un individuo dispuesto a escuchar de todo pero seguí interesándome por la música dura. Siempre asociaré mis años de trabajo en las Hurdes con Marea, un grupo actualmente con gran vitalidad que nacía por entonces y que me dió a conocer un alumno. Me grabó cuatro canciones que yo martilleaba continuamente y que cuando hoy vuelvo a escuchar me recuerdan mis caminatas a solas por aquellas agrestes montañas, el olor a brezo y a pino, los caminos helados en invierno y las charcas frescas en verano.
Alguién que me ayudó a investigar nuevos terrenos musicales fue una buena amiga gallega con la que conservo una larga amistad y que sé que lee mi blog con frecuencia. Ella me dio a conocer Radio Clásica y durante muchos años me envió casetes de música medieval, renacentista y barroca con los que disfruté y aprendí. Uno que me encantó y que conservé como oro en paño recogía musica juglaresca medieval interpretada por Adolfo Osta y de la que reproduzco aquí una bella canción, la única que he encontrado en youtube de las que interpretaba ese autor en la citada cinta.
Desde hace años ese casete estaba perdido pero el otro día lo encontré por casualidad y me dispuse a escucharlo. Fue bestial. Volvió a mi el recuerdo el mejor y más intenso año de mi vida, ese año en que me independicé, empecé a trabajar y conocí a mi actual pareja. Hace de eso muchos años, corría el curso escolar 1996-97. Llevo varios días saboreando las canciones de Adolfo Osta con ganas, paladeando una música maravillosa que condensa en 60 minutos la mejor parte de mi vida.
Lo de Bárcenas es la gota que colma el vaso. Nuestra joven democracia vive atenazada por la especulación, el fraude y la corrupción.
Una reflexión simplista podría argumentar que somos un pueblo honrado gobernado por una clase política corrupta pero eso no es cierto: ni todos los políticos son corruptos ni el "pobre" pueblo español es un dechado de virtudes. En este país el fraude y la corrupción son comportamientos asumidos con normalidad y forman parte de la vida cotidiana de la mayoría. De hecho, el fraude y la corrupción de baja intensidad se consideran opciones legítimas y son totalmente habituales. En España cada uno roba lo que puede: dirigentes y alta burguesía roban millones, las clases medias profesionales y los pequeños negocios defraudan de acuerdo con sus posibilidades y los de abajo rebañan y escarban en las migajas. El fraude y la corrupción son una cultura y la mayoría de los que los practican ni siquiera son conscientes de lo que su comportamiento supone.
Frente a las sociedades maduras del norte de Europa, España y otros países del sur no han logrado que una parte importante de sus ciudadanos asuma el valor de lo público como un patrimonio común de incalculable valor que merece respeto y consideración, tampoco han logrado que la población (desde los de arriba a los de abajo) asuman la importancia de los impuestos y la redistribución fiscal como el principal arma en defensa de la igualdad y la justicia social. Es mentira que en este país se paguen muchos impuestos pero es cierto que muchos tratan de hacer lo imposible por no pagarlos.
El comportamiento incívico que defrauda y roba es algo cotidiano y habitual: entre los grandes financieros y alta burguesía los hay que exilian millones a paraísos fiscales, sobornan a políticos y engañan al fisco; entre los autónomos y pequeños empresarios no es raro encontrar algunos que oficialmente cobran menos que sus propios empleados y es fácil que muchos de sus hijos tengan becas propias del hijo de un indigente; tampoco es extraño encontrar casos, demasiado frecuentes, en los que se engaña y se falsea para lograr todo tipo de subvenciones y subsidios, desde el que logra el doble de ayudas agrarias comunitarias de las que merece al que consigue un piso de protección oficial sin responder en realidad a los requisitos exigidos. Si somos capaces de falsear datos fiscales o de empadronamiento para poder meter a nuestro niño en el colegio de nuestros sueños, imaginen que somos capaces de hacer por dinero. Hasta muchos funcionarios, totalmente controlados a través de sus nóminas, se las apañan para arramblar con lo que pueden; las posibilidades que se abren no son escasas, desde fotocopiar gratis en el trabajo las obras completas de Dickens a ahorrarte una asistente que lleve y traiga a los crios al cole saltándote por muy diversos procedimientos el horario de trabajo.
En este contexto, cada caso destapado de corrupción política de un gobernante tiene especial gravedad, ya que se convierte en un acto que justifica la corrupción de sus gobernados; en otras palabras, los ciudadanos se sienten legitimados para defraudar o corromper porque quienes debían ser ejemplo de virtud son los primeros en hacerlo.
De todos modos, lo que hasta aquí hemos reflexionado tiene una raíz histórica. Que en este país seamos así no es consecuencia de nuestra propensión genética al fraude y la mentira, es consecuencia de una larga experiencia histórica. En los últimos doscientos años en este país el Estado ha estado bajo control de una oligarquía financiera y terrateniente que creó una compleja estructura caciquil que permitió a las clases altas utilizar el gobierno para robar sin ocultarse, sin pudor alguno; el Estado era su cortijo. Por su parte, los sectores humildes, privados de derechos sociales y políticos, nunca vieron a ese Estado como algo suyo, sino como un opresor que los ahogaba fiscalmente y no les ofrecía servicios ni contrapartidas dignas. La mayoría social, privada de capacidad de decisión, permaneció al margen del juego político y nunca se identificó con estados no democráticos o dictatoriales.
Aunque hoy estamos en una democracia, las antiguas costumbres arraigadas permanecen: los ricos siguen haciendo lo que siempre hicieron y los pobres no son capaces de asumir que ese Estado que siempre fue su enemigo, hoy también es suyo y deben defenderlo. HOY SÍ MERECE LA PENA LUCHAR POR UN ESTADO QUE ES PROTECTOR, POR UN ESTADO DEL BIENESTAR ACEPTABLEMENTE JUSTO QUE TANTO NOS COSTÓ CONSEGUIR Y QUE DEBEMOS DEFENDER CON AHÍNCO; PARA ELLO TENDRÍAMOS QUE EMPEZAR POR SER LO MÁS HONRADOS POSIBLE CON ÉL. Solo así, defendiéndolo pero también respetándolo, lograremos su supervivencia.
La primera vez que escuché en vivo a un cantautor fue al gran Pablo Guerrero. Corría el año 1986, yo tenía 16 años y me emocioné cantando "Tiene que llover a cántaros" con otros cientos de cacereños que abarrotábamos el Centro Cultural San Francisco. Tengo que reconocer que no soy un seguidor ferviente de la canción de autor, pero valoro esa música y el papel que tuvo y tiene como conciencia de una sociedad que un día tuvo a esos artistas como referencia y hoy apenas sí se fija el ellos. Desde aquel concierto he seguido encontrándome con ellos en más ocasiones, disfruté de Hilario Camacho, de Luis Pastor, de Ismael Serrano.
En esta canción Luis Pastor reflexiona sobre los cantautores de antes, sobre su futuro y su sitio en el mundo actual. Merece la pena escucharla. Salud.
Activistas del colectivo N.E.A.N. en un acto reivindicativo antinavideño
El colectivo NUEVO ESPÍRITU ANTINAVIDEÑO (N.E.A.N.) nació hace algún tiempo como una respuesta a una importante parte de la sociedad que demanda que la falsedad y ñoñería de la Navidad sean puestas en evidencia. Nuestro objetivo es que esa parte de la sociedad sufra lo menos posible en estas horribles fechas, que no tenga que soportar unas semanas atroces en las que muchos sufren con avalancha de consumismo estúpido, falsa caridad, mucha ñoñería, reuniones familiares innecesarias y contraproducentes, estética hortera y empalagosa, palabrería vacía y mucha tontería.
Miembros del colectivo N.E.A.N. durante la presentación de su
manifiesto antinavideño
El colectivo N.E.A.N. constituye hoy un poderoso lobby laico cuya influencia alcanza hoy a todo el país. Recientemente el movimiento ha convocado una rueda de prensa multitudinaria en la que ha expuesto buena parte de sus reivindicaciones, entre las que cabe destacar:
La Navidad no debe celebrarse anualmente. Para mejorar la salud mental de la población es necesario que descansemos uno o dos años entre cada Navidad celebrada. Como mucho aceptaremos la alternancia, un año sin navidad, un año aguantando ñoñería navideña.
Consideramos imprescindible que se prohiban los anuncios de colonias entre finales de noviembre y comienzos de enero.
Así mismo, creemos necesario acabar con la costumbre de regalar gilipolleces y, especialmente, borrar de la faz de la tierra la tonta costumbre del "amigo invisible".
Qué se reconozca por quien corresponda que los únicos protagonistas del belén son la mula y el buey y en ningún caso el profeta ese. Por tanto el belén no podría tener figuras humanas.
Es obligado prohibir las concentraciones familiares navideñas con más de diez miembros. Las grandes aglomeraciones familiares en navidad son un problema de seguridad y salubridad pública.
Deben impedirse los actos de falsa caridad hipócrita. Entre el 15 de diciembre y el 15 de enero se prohibirán iniciativas como los mercadillos solidarios o las "operaciones kg" de recogida de alimentos. Si alguien quiere pensar en los demás tiene otros once meses para hacerlo.
Pedimos la prohibición de todas las exhibiciones públicas de símbolos navideños cutres (papa noel escalando) orancio-añejos (paño rojo con el cristo) bajo pena de desahucio.
Al menos el 50% de lo que comamos en los días señalados de navidad tienen que ser platos sencillos: sopas de tomate, tortilla de patatas, guisantes con jamón (nunca ibérico, por supuesto).
Creemos que es necesario limitar el canto de villancicos a casos de extrema necesidad y siempre bajo prescripción médica.
Consideramos necesario reducir la presencia de películas empalagosas de ángeles y demás criaturas navideñas. Para ello pensamos que debe limitarse su emisión a dos peliculas por cadena y siempre en horario de madrugada.
Sólo se permitirán árboles de navidad de menos de metro y medio de altura, y se prohibirá decorarlos con luces intermitentes de colores (se creará un cuerpo de inspectores con capacidad para entrar en las casas y multar).
Será obligado que los padres digan a sus hijos que los reyes magos son ellos apartir de los 7 años de edad. Si no lo hacen, serán multados y un funcionario público será encargado de informar a los niños.
Consideramos que es necesario prohibir todos los mensajes navideños standard, cursis e impersonales, especialmente los del tipo: "feliz navidad y próspero año nuevo. Espero que todos tus deseos se cumplan en el nuevo año". Los mensajes permitidos en ningún caso podrán incluir las siguientes palabras: amor, ilusión, paz, deseos, felicidad.
Una parte importante de estas reivindicaciones tan justas fueron expresadas públicamente por nuestros representantes legítimos en un comunicado que recientemente difundimos con gran repercusión mediática. Os dejamos aquí el vídeo con el comunidado.
¡NO ESTAMOS DISPUESTOS A QUEDARNOS CON LOS BRAZOS CRUZADOS! ¡ÚNETE A NOSOTROS!, SOMOS MUCHOS Y SEREMOS MÁS.
El colectivo N.E.A.N. da a sus actos reivindicativos un carácter festivo
Una muestra de la repercusión mediática de nuestras iniciativas son estas dos portadas de periódico: en el primer caso el principal rotativo nacional se hace eco de nuestra creciente fortaleza; en el segundo caso podemos ver el pánico que N.E.A.N. genera en la ultraderecha más reaccionaria del grupo Intereconomía.