a mi padre, que murió soñando con un mundo más justo

martes, 12 de junio de 2012

los "nuestros"

Di Natale festeja el gol de Italia en el último enfrentamiento España-Italia
El otro día los "NUESTROS" luchaban con ahínco en el terreno de juego para defender el orgullo de nuestra "GRAN NACIÓN" recién rescatada por la UE. Peleaban hasta quedarse sin resuello y a cambio de nada (creo no reciben un duro, solo la satisfacción patriótica de defender la bandera en los campos de fútbol). Pero yo, mal español desagradecido con mi patria (a la que, sin embargo, debo tanto) no vi el partido, porque no me importaba un pimiento. Esa tarde estaba en un bellísimo rincón de la Sierra de Gata extremeña, en San Martín de Trevejo, a las afueras del pueblo, junto a una bonita ermita donde suelo sentarme a veces a pasar la tardes de fin de semana leyendo o corrigiendo. Mientras otros jaelaban  a la roja yo leía con gusto a Jonathan Franzen ( su libro Libertad es soberbio) sentado en uno de los bancos de piedra que recorren el pórtico de madera de la ermita. Luego decidí dar un paseo por el pueblo, siempre que puedo lo hago, es irrepetible pasear por sus calles recorridas por los canalillos de agua, admirar su arquitectura rural de primera y escuchar hablar a fala, esa bonita lengua de origen medieval hablada en cuatro pueblos de la comarca y emparentada con el leonés y el gallego-portugués. Para mi sorpresa, en las calles no eran pocos los viejecillos y no tan viejecillos que estaban sentados en un poyo de piedra junto a su puerta o jugando en grupo a las cartas (sin duda el veneno del fútbol patriotero adormecedor de conciencias ha calado mucho más en las nuevas generaciones que en los ancianos que vivieron otros tiempos) . Terminé en la plaza de la villa, sentándome en una terracita a tomarme una cerveza fresca. Cuando entré en el bar se dio una situación curiosa: todos estaban enfrascados en el partido, nerviosos y ruidosos, mientras yo pedía la cerveza dando la espalda al televisor, justo cuando la dueña me daba el cambio empató España  y todos se desquiciaron, todos menos yo, que no me dí la vuelta y recogí el cambio como si nada, saliendo a continuación del garito en busca de mi ansiada terraza. La dueña del bar me miró de reojo mientras saltaba de alegría, seguro que pensaba: ¡qué tío más raro!, no es portugués pero actúa como si fuera extranjero.
Reconozco que desde que España gana títulos, lo del fútbol lo llevo fatal. Se ha convertido en un arma muy eficaz en manos de un nacionalismo español fracasado que ha encontrado en el balompié su mejor aliado para lograr lo que siempre quisieron y nunca consiguieron. Hoy, en la mayoría del suelo patrio, aunque no en todo, los balcones se llenan de banderas rojoigualdas, escuchas a las gentes gritar YO SOY ESPAÑOL, ESPAÑOL, ESPAÑOL y ves a gentes de toda edad y condición vestir la camiseta nacional. Es el sueño de la derecha nacionalista española hecho realidad. Siempre quisieron eso y hoy lo han conseguido. Por mi parte solo espero que todo esto acabe cuanto antes, para dejar de ver esa exhibición patriótica que, lo siento pero es así, me produce escalofríos y una irritación difícil de explicar. Aunque según mi DNI yo soy español, yo soy realmente un apátrida que no se estremece con ningún gol de Iniesta y que considera una casualidad haber nacido en un país que, puestos a elegir, no hubiera estado entre los primeros de mi lista.

2 comentarios:

Joselu dijo...

El otro día el expresidente de las cortes Manuel Marín reflexionaba sobre algo que me causó alguna sorpresa. Para los países que tienen relación directa con nosotros, nos habíamos convertido en un país complicado, poco previsible, extraño, lo que en definitivas cuentas venía a ser que éramos poco de fiar. Y esto tiene un precio letal en nuestras transacciones comerciales, en nuestra economía productiva. Si no somos capaces de generar confianza en quienes tratan con nosotros, es un asunto difícil.

Viene esto a propósito de tu comentario sobre la selección. Coincido contigo en la utilización de la derecha más rancia como símbolo patriótico y patriotero. Hoy la prensa más conspicua lo ponía destacado en sus portadas. ES-PA-ÑA decía una de ellas.

El problema es que no podemos alegrarnos sanamente con unos triunfos que a muchos nos sumen en la zozobra, como a ti o como a mí que deseé que España fuera eliminada el mismo día en que éramos rescatados.

Somos un país complicado, que se odia a sí mismo, que desconfía de sí mismo, que no cree en sí mismo, que se entristece si gana su selección, que utiliza sus triunfos sectariamente haciéndolos abominables tal vez, país en que muchos sueñan en cómo deshacerse de él y lograr su independencia y tener otras selecciones, país en que se silba el himno nacional porque no es representativo del conjunto, país que no tiene símbolos que lo unan ni un pasado compartido que no sea ominoso…

Ser español es una condición en que solo parece amable cuando lo vemos en "españoles en el mundo". Es como si solo alejándonos de esta madre despótica, veleidosa, neurótica, extraña… lográramos desprendernos de su aura opresiva.

Juan Carlos Doncel dijo...

Joselu, este es un país fracasado. Las naciones son construcción humanas y, por lo tanto, artificiales basadas en la manipulación y mitificación de un pasado histórico sobre el que se construye una falsa identidad. Esos proceso se desarrollaron en Europa a lo largo del siglo XIX y se prolongaron en algunos casos en el XX. En esos años esta supuesta nación fracasó por completo en esa tarea y eso generó una profunda frustración en los sectores nacionalistas. Hoy esos sectores consideran al fútbol un arma de incalculable valor para tratar de conseguir lo que con su egoísmo y su inoperancia no lograron durante dos siglos. Saludos.