a mi padre, que murió soñando con un mundo más justo

domingo, 13 de noviembre de 2011

los bosques caducifolios

zona alta del castañar de Santa Clara, junto a San Martín de Trevejo
Lo mío con los bosques caducifolios no es normal, siento verdadera adoración por ellos. Tienen un carácter mágico, especialmente en otoño o invierno. En días otoñales, cuando la noche se alarga cada vez más y las lluvias nos vuelven a visitar, los bosques de castaños y robles rezuman humedad mientras que se convierten en una explosión de colores que recorre todas las variedades de amarillos, ocres y rojos. Pero en invierno se vuelven sobrecogedores, los viejos robles y castaños desnudos parecen cobrar inquietante vida y cuando transito solo por senderos cubiertos de hojas secas entre esos esqueletos de madera no puedo evitar que se me ponga la carne de gallina.
muy cerca de Gata, junto a la carretera que hacia Torre de D. Miguel
Me crié entre paisajes ajenos a estas sensaciones, entre llanuras peladas, dehesas de encina y alcornoque. También son un entorno maravilloso, pero siempre eché de menos esas forestas de árboles que mudaban por completo su pelaje y renacían en primavera. Cuando veía las series de televisión, de pequeño, soñaba con los bosques donde vivían Banner y Flappy, donde Yacky y Nuca vivían sus aventuras, con los bosques llenos de color en otoño habitados por duendes y gnomos.
Cuando era un chaval, ya adolescente, empecé a viajar con mi padre por toda la geografía extremeña. Mi padre era viajante (ahora lo llamarían comercial) y yo aprovechaba el verano para acompañarlo. Mi ruta preferida era la que llegaba, pasando por Coria, hasta Torre de Don Miguel, en pleno corazón de la Sierra de Gata. Allí tenía mi padre un cliente. Muchas veces aprovechábamos y llegábamos hasta Gata, donde comíamos en el restaurante Avenida, hoy desaparecido. A mi me encantaba el trayecto de Torre a Gata, el recorrido transcurría por una estrecha carretera de montaña, de las que a mi me gustan, sombreada durante buena parte del trayecto por un denso bosque mixto de castaños, robles, pinos y algunos alcornoques. En el restaurante de Gata gustábamos de colocarnos en una mesa muy cerca de la cristalera desde la que se disfrutaba de una bella panorámica del valle de la Rivera de Gata. Los árboles caducifolios no estaban tan lejos, no hacía falta irse a los montes Apalaches americanos ni tampoco a las montañas asturianas, en el norte de mi tierra, a solo hora y cuarto de mi casa había un pequeño paraíso al que volví varios lustros después para quedarme.
Hoy, nunca lo hubiera imaginado, tengo un pequeño refugio a solo unos metros de ese antiguo restaurante gateño y desde la ventana de mi habitación veo todos los días que puedo ese mismo paisaje que tanto me embriagaba. A veces tengo que pellizcarme para saber que no es un sueño: dando un pequeño paseo de tan solo 10 minutos estoy dentro de un tupido bosque de castaños y robles jóvenes. ¿Qué más puedo pedir?.

P.D. las fotos que acompañan el texto las hice hace tan sólo una semana, en diversos lugares de la Sierra de Gata extremeña.
Cerca de Villamiel, en la carretera a San Martín de Trevejo

Castañar subiendo el Puerto Viejo desde Robledillo de Gata