a mi padre, que murió soñando con un mundo más justo

lunes, 21 de noviembre de 2011

¡ha llegado España!


Estos días los he vivido con mucha tranquilidad. Todos sabíamos lo que se avecinaba. Era y es necesario afrontarlo con serenidad. 
Conste que yo no soy socialista, pero como persona muy a la izquierda, considero muy peligrosa la máquina arrolladora que nos ha pasado por encima. Sus partidarios han estado en días previos eufóricos, con ganas de ajustar cuentas, salivando en espera de carnaza fresca.
Hoy, pasadas las elecciones, su satisfacción es inmensa. El "guerracivilista" Zapatero ha sido pateado y la derecha controla una cuota de poder inigualable: gobierno central, gobiernos regionales, municipios; cuenta también con una justicia oligárquica mayoritariamente conservadora y una fuerza mediática bestial. Para ellos ¡ha llegado España!, como decía aquel cartel franquista.
Y ¿qué nos queda a nosotros? a los malos españoles, a los antiespañoles solo nos queda mantener la dignidad, no perderla, que mucho nos costó conseguirla.
Hace tiempo la chusma sumisa, ignorante, pobre y sucia no tenía ni podía aspirar a nada. En mi Extremadura, los latifundistas, profundamente conservadores y católicos, nos miraban como lo que éramos, como mierda indigna de piedad  a la que explotaban sin misericordia. Llegó un día en que esa chusma levantó la cara, hasta entonces obediente y siempre agachada, y les miró de frente, con orgullo y dignidad, sin arredrarse. Y no se lo perdonaron. Hicieron lo que tenían que hacer y ¡llegó España!. A tiros llegó España y nos obligaron a volver a bajar la mirada. Pero no todos la bajaron, algunos la mantuvieron todo lo alta que pudieron.
Hoy el contexto es muy diferente pero, a pesar de ello, el capitalismo salvaje se chulea por el mundo sin oposición y la derecha heredera de aquellos terratenientes sin humanidad se frota las manos mientras se ríe de los muchos "muertos de hambre" que les han votado.
Aquellos que creemos en la justicia social, en el Estado como principal instrumento de la igualdad, en el laicismo y el respeto a la diversidad, solo nos queda hacer como aquellos jornaleros que solo tenían harapos y mucha dignidad: no bajar la cabeza y, mientras nos escupen, mirarles a la cara, de frente y decirles que aquí estamos y seguiremos estando.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te dejo unas pequeñas estrofas....

...Ella solo protestó porque no veia justo
que a las mujeres les raparan la cabeza
y las pasearan por las calles entre insultos
mientras los fascistas comulgaban en la iglesia.......


...Que difícil es contar los pasos que se dieron por la libertad
Que difícil es mirar los días robados ahogados en sangre
Sin ventanas y sin puertas el pasado se condena
Que difícil es contar los pasos que se dieron por la libertad...

Juan Carlos Doncel dijo...

qué bonitas estrofas y que bien las canta el grupo Barricada