a mi padre, que murió soñando con un mundo más justo

martes, 1 de marzo de 2011

un apátrida frente al nacionalismo español


Estoy aburrido de escuchar por todos los rincones y las esquinas la misma cantinela, que resuena como un mantra interminable: "estoy de los catalanes hasta las narices", "esos vascos lo que necesitan es la pena de muerte", "esos imbélices son españoles les guste o no y lo que tienen que hacer es hablar el castellano", "sólo hablan esos dialectos para joder y molestar", "son unos ambiciosos que se lo quieren llevar todo". Si no tuviera las cosas claras, yo también habría sucumbido al atractivo recurso de buscarme un chivo expiatorio al que echar las culpas de mis males y mis propios defectos y limitaciones.

Pero yo no tengo patria, nunca la he tenido y nunca la tendré. Sí tengo una cultura, una lengua y una tierra; aunque mi cultura, mi lengua y mi tierra no incluyen ni excluyen por la fuerza, no obligan, no imponen. Vivo en un Estado (no Nación ni Patria) del que soy ciudadano con unos derechos, que siempre exigiré y defenderé. Mi Estado, País o como queráis llamarlo, tiene rasgos que no me gustan pero otros me fascinan, esos que muchos desprecian o cuestionan, como que es una sociedad plural lingüística y culturalmente, enormemente diversa.

El nacionalismo español, del que nadie habla pero que esta omnipresente, pasa de puntillas sobre esa realidad y lleva dos siglos obsesionado por construir una idea de España falsa y simplificadora, descalificando permanentemente a otros nacionalismos (catalán, vasco, gallego). Hay una sola nación buena, verdadera, auténtica, las otras son invenciones creadas a partir de una mitología surgida de la nada. Esta perspectiva recuerda a las religiones, todas ellas se consideran única verdadera, el resto es superchería o exotismo.

La patria vasca (Euskal Herria) o los países catalanes se fundamentan, como la gran nación española, en una construcción artificial, humana y reciente en el tiempo basada en mitos, falsedades históricas y un evidente control de la educación. Su fundamento no es más estúpido que los pilares que sostienen la sacrosanta patria hispánica.

Cuando los nacionalistas españoles, que nunca se autodenominan así, lanzan sus diatribas contra el sistema educativo catalán que ningunea el Ebro fuera de las fronteras de Cataluña y no se preocupa de los Pirineos fuera del territorio catalán, llaman a los gobernantes catalanes falsificadores de la verdad y gente cerrada de miras. ¿Y qué creen que son ellos?, lo único que los diferencia de sus denostados nacionalistas periféricos es donde ponen los límites. ¿Le preocupa a esos nacionalistas españoles que los alumnos españoles conozcan que el Tajo pasa por Abrantes, que la Sierra de la Estrella forma parte del Sistema Central, que el Mondego y el Sado desembocan en el Atlántico?. Cuando hago estudiar estos topónimos mis alumnos se resisten y no lo entienden; yo les respondo que España no es una realidad física sino una construcción política y artificial; los ríos , las montañas y los pájaros no conocen fronteras. La única unidad física estudiable es la Península Ibérica y no España.

Todas las patrias son iguales, tan heroicas como cualquier otra, tan embarradas como cualquier otra, tan falsas como cualquier otra. No hay patrias mejores o peores, no hay patrias verdaderas o falsas.

6 comentarios:

Martín Núñez dijo...

En aquella balsa, de piedra, la que se separó de Europa por los Pirineos y dejó a Gibraltar en su sitio por los siglos de los siglos; los navegantes, seguro, pensaban cosas parecidas a lo que relatas, olvidando las fronteras de "punto y raya", como las grullas, en su vuelo, cuando pronto vuelvan a sus estancias veraniegas allende los fiordos Noruegos. Salud

Juan Carlos Doncel dijo...

Muy bonitas tus palabras recordando aquella balsa de piedra que nuestro amigo José ideó para poner de manifiesto lo absurdo de las fronteras. La corriente de los ríos, el vuelo de las grullas, el vagabundeo del jabalí por el monte, nos recuerdan que las fronteras solo existen en nuestras estúpidas cabezas.

isabel dijo...

Como dice Bunbury: 'Ni límites, ni fronteras. Ni patria, ni religión. Ni límites ni fronteras, extranjero soy'. Salud y lo que sigue.

isabel 2 dijo...

En su canción 'Extranjero' Bunbury dice ' ni raza, ni condición' en vez de 'ni patria, ni religión'. Ha sido un lapsus linguae de esos que dicen lo que realmente piensas.

Juan Carlos Doncel dijo...

Lógico tu despiste, apetece mucho que también dijera ni patria ni religión, ¿verdad?

isabel 3 dijo...

Desde luego. Por cierto, el disco en el que se encuentra este tema es 'Pequeño' y fue el primer álbum en solitario de Enrique Bunbury. Totalmente recomendable, no tiene desperdicio.