a mi padre, que murió soñando con un mundo más justo

miércoles, 9 de marzo de 2011

lo siento, ya no creo en mi labor educativa


Lo siento, voy a ser lo más sincero posible, no voy a ser políticamente correcto. De todos modos, este blog es todo menos políticamente correcto.
En esto de la educación siempre he ido por libre y he hecho lo que me ha dado la gana: heterodoxo, indisciplinado y algo desorganizado, he tratado de presentar los jodidos papeles que me pedían a tiempo para no llamar la atención y así poder seguir funcionando a mi bola sin que me molestaran; pero solo he hecho la burocracia imprescindible: creo que nunca he leído una ley educativa y rara vez he prestado atención a una programación. A pesar de ello, creo que he sido medianamente profesional, he luchado por mis alumnos, he intentado enseñarles algo, les he transmitido toda la humanidad y sensibilidad que he podido. Supongo que por diversos motivos, llevo varios años en los que mi agotamiento va en aumento: la atonía general, el ambiente poco constructivo entre el profesorado, ese alumno cada vez más perdido, más desidioso y menos autónomo, esa sociedad que considera cada vez más que son los profesionales son los únicos responsables de la tarea educativa, y sobre todo, mi propio asqueo: llevo quince años luchando en las trincheras, todos los años he enseñado en 1º,2º o 3º de la ESO, en las verdaderas trincheras educativas, donde están todos, donde no se ha ido nadie ni ha habido selección natural, en esas trincheras donde están los futuros diversificados, los acne, los hiperactivos, los zánganos (y que no me venga ningún pedagogo de tres al cuarto diciendo que esos no existen), los jodidos, los retorcidos, los buena gente, los trabajadores, los que no llegan, los que no se enteran, los zumbaos, los perdidos, los que están en la inopia, los bordes, los insolentes, los ingeniosos, TODOS. Hoy tengo la suerte de enseñar también en otros niveles superiores, donde se respira un aire algo más puro, pero durante mis años de interino sólo tragué los primeros cursos. Y, sinceramente, empiezo a estar cansado de debates educativos, que no sé si conducen a algo, que puede que sean necesario pero en los que ya no creo.
Repito que voy a ser sincero. Durante años he echado muchas horas por la tarde, pero hace poco llegué a una conclusión: a más trabajo y más dedicación, más frustración. A mí me quedan 25 años para jubilarme (eso si no cambia la ley de los 38,5 años trabajados) y he llegado a la conclusión que mi prioridad es sobrevivir en las trincheras. Si no cambio el chip y optimizo el esfuerzo me quemaré como una vela y llegará un momento en que esto se me hará cuesta arriba, demasiado cuesta arriba. La sociedad necesita grandes profesionales si quiere cambiar la educación, pero no los tiene, y yo soy un ejemplo.Entre los que estamos acabados y los que se niegan a toda innovación auguro un futuro negro. Yo tengo claro que mi objetivo, a un ritmo tranquilo, sin sobretrabajo, dosificando el esfuerzo, sin grandes pretensiones, quiero ir tirando en los próximos años: que nadie espere de mí una dedicación esforzada e idealista, una lucha sin cuartel, sin desánimo. Sin llamar la atención, viviendo mi trabajo como una faceta más y no la más importante de de vida, intentaré dedicar cada vez más tiempo a otras actividades menos frustrantes. No abandonaré a mis chavales, seguiré transmitiéndoles el mayor calor humano posible y enseñándoles en los valores de la justicia social y la tolerancia; supongo que algo les quedará, con poco me conformaré. Pocas aspiraciones, pocas pretensiones, ese es mi objetivo. Por desgracia, me parece evidente que mis posibilidades de ayudar a cambiar la sociedad son casi nulas y mi labor un minúsculo grano de arena en la inmensidad (y que nadie me venga con el rollo de que millones de granos de arena crean una montaña, ¡venga ya!). Cada vez hay más días en los que me pregunto para que sirve lo que hago, cada vez hay más días en que me considero un mercenario de la educación; yo, que entré en esto por vocación. Creo que algo de vocación me queda, de hecho mis alumnos siguen diciendo que me enciendo en las clases y las vivo como si estuviera en la Edad Media o en plena batalla de la Guerra Civil. Pero he llegado a la conclusión que mi parte mercenaria gana terreno y tampoco es tan malo: existen mercenarios bastante profesionales y dignos, aspiro a ser uno de ellos.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

No me lo puedo creer¡¡¡ he estado escribiendo durante 15 minutos y al publicar se jorobó la conexión.... con lo bien que me había quedado... Voy a probar antes de intentarlo de nuevo.. Wlokkera

Anónimo dijo...

Tengo que ser sincera también, no me gusta lo que escribes, por tanto cómo te sientes. Discrepo en muchas cosas, tal vez porque no estoy en las trincheras y percibo la realidad de una manera diferente, pero seguro que es mejor hablar tranquilamente y no en un viaje de coche con hora límite, así que tenemos un café pendiente, recuerda que me debes uno por ahorro de gasofa. Sabes que no suelo contestar ni escribir en la web, pero hoy es una excepción porque me gustaría que recuperases la ilusión (aunque sé que eres duro de mollera, como yo, y no va ser una tarea fácil) te quiero bien y creo que te quedan muchos años para jubilarte cómo para conformarse con sobrevivir. Estoy convencida de que eres un buen profesional, que haces todo lo posible por tus alumnos y sé que intentas mejorar tus clases cada día e intentas transmitirles valores, sensibilidad e humanidad, y así ellos te recordarán. Pero soy de los que piensan que los granos de arena si hacen, y si no, señor profesor me tendrás que explicar cómo se han conseguido, por ejemplo, los derechos sociales que tú y yo disfrutamos hoy a lo largo de la historia, ¿con gente que se conforma con sobrevivir con lo que tiene?, creo que no. Por supuesto que hay que optimizar esfuerzos, porque trabajamos para vivir (te lo dice una que ha estado algún tiempo pensando que lo más importante era su trabajo, qué mal andaba por entonces¡¡¡), pero si es verdad que el tiempo de nuestra vida que dedicamos a trabajar es bastante, por lo que todos deberíamos estar contentos, satisfechos e ilusionados con nuestro trabajo. Y esto debería ser una tarea de todos; si sociedad, grupos de profesorado, familias o administración no apoyan o obstaculizan creo que hay mecanismos para opinar, decidir e intentar cambiar la situación, de brazos cruzados y con actitudes individualistas no se consigue nada. Ya sé que suena idealista, pero... ¿cuántas cosas se consiguen con ideales, ilusión y ganas?. Y se me ocurre algún argumento más que por aquí no te voy a contar, pero recuérdamelo que es importante. Me había quedado mejor la primera versión... qué se va hacer¡¡¡. Hablamos, hablamos y hablamos...y..... ¿cuándo hacemos algo?. Besos, abrazos, salud y república y ÁNIMO.
Fdo: Wlokkera en ratos de ocio sin dieta.

Juan Carlos Doncel dijo...

Buena respuesta, sí señor. Si la primera era mejor, me quito el sombrero. Eso es lo que yo decía en la entrada, hace falta gente con ganas, pero yo ya no la tengo. Por cierto dos apreciaciones personales aunque discutibles (como todo): sobrevivir no es es sólo sobrevivir, se puede sobrevivir con dignidad y con la cabeza alta, yo no soy de los que la agacha fácilmente. En segundo lugar, los granitos de arena han cambiado de verdad el mundo cuando han estado unidos, cohesionados, ideologizados y motivados, y eso no se da en el caso que nos ocupa. Continuaremos hablando, seguro.Salud.

Anónimo dijo...

Juan carlos yo pienso que tienes mucha razon en este comentario, pero tu me dijiste una vez que hay que esforzarse continuamente si quieres ser algo en la vida. Al igual que tu, yo soy muy cabezota, a pesar de eso, me convenciste a seguir en mis estudios, y creo que conseguiré (o por lo menos caeré en el intento) ser un muy buen veterinario algun día.
Espero que al año que viene sigas contagiandome esa ilusión tuya por la historia (que hasta me diviertes) y cumplas lo prometido (quedarte asta un poco tarde en nuestra cena). Un saludo.

Anónimo dijo...

Aunque todavía no sé cómo, vamos a recuperar esas ganas, porque hace falta gente con tus ideales para poder cambiar el "mundo"(probablemente me lo establezca como uno de mis objetivos profesionales y personales a corto plazo; a partir de ahora intentaré entrar en conversaciones en las que hasta ahora me he mantenido "al margen" por cuestiones que también te comentaré en privado, y además, porque sino, egoístamente, parte de mi trabajo, ilusión, motivación y expectativas caen en saco roto). En mi opinión, también discutible, los mercenarios terminan agachando la cabeza, por eso, con ideales, tal vez, nuestra primera meta deba ser nuestra propia motivación para posteriormente conseguir la cohesión. Continuara....
Wlokkera..

Martín Núñez dijo...

Vengo aquí tarde. Tras horas de trabajo. Y llegas tú y me haces contestarte a esta reflexión que en voz alta, y con cierta osadía anuncias a los cuatro vientos de la red, que, a estas horas, es mi mundo.
A los albañiles le salen grietas en sus muros, a los fontaneros se les "pican" sus tuberías, al militar...le roban sus fusiles...¿quién dijo que el trabajo era fácil?, ¿quién aseguró que no habría dificultades, y muchas, para ganar la "soldada"?.
Es lo que hay compañero, tiempos cambiantes, gentes diversas, opiniones heterodoxas...el mundo al fin y al cabo.
Se de buena tinta que eso que escribes no es una declaración de intenciones reglada, que la luz del día y alguna batalla, te harán volver a nuestra lucha, a intentar que ESTO funcione mañana un poco mejor que hoy.
Un saludo y a descansar.

el loco oficial dijo...

Anímo tío!
javi mates :)

Juan Carlos Doncel dijo...

La que se ha liado, uno no puede ser tan sincero, luego se pasa el día siguiente dando explicaciones. Agradezco las palabras que estoy leyendo, me conmueve lo que ha escrito ese alumno mío al que no le fallaré en la comida de 2º de bachillerato, pero mi escepticismo no es algo nuevo, siempre lo he sido. La diferencia no es que ahora sea mucho más pesimista y descreído, sino el hecho de que he decidido no disimularlo. Un saludo.