a mi padre, que murió soñando con un mundo más justo

sábado, 29 de septiembre de 2012

viaje a ninguna parte


Esta vez voy a ser breve. Breve por necesidad (estos días no tengo tiempo) y porque no tengo ganas de escribir. Pero quiero dejar algunas palabras sobre la inmundicia que nos rodea.
Estos días de comienzo de curso estoy triste, más pesimista que nunca y, sobre todo, desorientado. No entiendo que está ocurriendo y tengo miedo de la deriva que esto pueda tomar. El otro día estaba en casa de mi madre en mi visita rutinaria de todas las tardes y observé atónito primero y luego enrabietado la brutalidad con que los esbirros robotizados del sistema provocaban y violentaban indecentemente a unos miles de manifestantes junto al Congreso. Siempre fui crítico con el 15-M y ni sé ni me importa si el 25-S era lo mismo. Lo que me alucina es el uso desproporcionado de la fuerza, el cacheo de gentes en el metro, el control de autobuses en las carreteras. Esto recuerda peligrosamente a viejos tiempos oscuros. Hace 20 días pasé precisamente por delante del Congreso y me sorprendieron las medidas de seguridad; y pensé que un sistema democrático tiene necesariamente que hacer autocrítica cuando se ve obligado a protegerse de sus propios ciudadanos. A no ser que los que gobiernan consideren que los que protestan, luchan, resisten no son más que bazofia radical bolchevique-anarquista que hay que aplastar sin contemplaciones. 
Todo esto huele a fascismo. Y creo que si la crisis perdura en el tiempo y se hace más intensa, es probable que el hedor se haga insoportable y la democracia liberal corra serio peligro. Y digo la democracia liberal porque considero que la democracia social ya está gravemente afectada. Y para mí la primera democracia no vale para nada sin la segunda. El liberalismo político del siglo XIX preocupado exclusivamente por el derechos políticos de unos cuantos no sirve de nada sin igualdad y justicia social, sin igualdad de oportunidades. Si una democracia mantiene sus formalidades políticas pero es incapaz de garantizar cierta igualdad social, atender a sus débiles y desvalidos, dejando en la cuneta a los desechos humanos que se convierten en un lastre, si una democracia hace eso no es democracia, es una mierda. Además, haciendo eso ella misma se condena, el esquema es sencillo: DESIGUALDAD E INJUSTICIA SOCIAL= DELINCUENCIA E INSEGURIDAD= MIEDO Y TEMOR= NECESIDAD DE ORDEN Y AUTORIDAD= ELIMINACIÓN DE LIBERTADES= AUTORITARISMO/FASCISMO. 
No creamos que este proceso aquí es imposible. Tenemos poca memoria, pero los estados meridionales europeos que hoy están azotados por la crisis han sido países en los que históricamente la democracia ha sido la excepción y ha imperado la inestabilidad crónica favorecida por marcados desiquilibrios sociales. Lo repito, si esta crisis perdura en el tiempo y los sectores conservadores continúan destrozando con vehemencia el estado de bienestar, EL FUTURO NO SERÁ LA REVOLUCIÓN, SERÁ EL FASCISMO.