a mi padre, que murió soñando con un mundo más justo

jueves, 30 de septiembre de 2010

malos tiempos para la lírica


El otro día varios compañeros improvisamos en los pasillos del instituto un corrillo: hablamos de la huelga general, de los sindicatos, de la patronal, de Zapatero, de la derecha; un puñado de minutos dieron mucho de sí. Martín se despidió con una frase que creía representar muy bien los días que hoy nos toca vivir: son malos tiempos para la lírica. Todos recordamos esas palabras por ser el estribillo de una canción (mi compañera Isabel me recordó que el grupo musical era Golpes Bajos, yo ya lo había olvidado) pero pocos saben que mucho antes el dramaturgo Bertolt Brecht había escrito un poema con ese título. Fueron tiempos de exilio, de lucha contra el Hitler fascista ("el pintor de brocha gorda"), de resistencia, no había espacio para florituras, para rimas, para contar las bondades del mundo. Así decía el poema:

Ya sé que sólo agrada
quien es feliz. Su voz
se escucha con gusto. Es hermoso su rostro.

El árbol deforme del patio
denuncia el terreno malo, pero
la gente que pasa le llama deforme
con razón.

Las barcas verdes y las velas alegres de Sund
no las veo. De todas las cosas,
sólo veo la gigantesca red del pescador.

¿Por qué sólo hablo
de que la campesina de cuarenta años anda encorvada?
Los pechos de las muchachas
son cálidos como antes.

En mi canción, una rima
parecería casi una insolencia.

En mí combaten
el entusiasmo por el manzano en flor
y el horror por los discursos del pintor de brocha gorda.
Pero sólo esto último
me impulsa a escribir.

Hoy, en nuestro país, tampoco son tiempos para la lírica: el gobierno ha hincado la rodilla ante el capital (tampoco tiene más opciones), los sindicatos mayoritarios están desprestigiados por sus propios errores y los ataques de la derecha; mientras, la patronal observa desde la ventana como si la cosa no fuera con ellos y ninguna responsabilidad tuvieran; por su parte, la derecha política solo cuenta los días, las semanas, los meses que quedan para desembarcar con sus mesnadas para salvar la patria en peligro. Como decía el gran Brecht, aunque el entusiasmo por lo bueno de la vida no lo he perdido, solo la resistencia frente a la tiranía de los mercados y las injusticias que me rodean me incita a escribir.

Por cierto y finalizando, HICE LA HUELGA GENERAL. Sé que fue un moderado fracaso, todos lo sabemos y lo esperábamos. No creo desde hace mucho en los sindicatos mayoritarios, no son ya sindicatos de clase. Hice la huelga al margen de ellos, la hice por que era mi obligación, nunca me hubiera perdonado faltar a una huelga general. Hoy, aprovechando la basura que cubre a los sindicatos mayoritarios (que no son los únicos), amplios sectores de la derecha y la patronal están desprestigiando el papel de los sindicatos en la sociedad y el derecho de huelga, para mí una de las libertades más importantes de las que gozamos. Si esto no se remedia, los trabajadores estaremos pronto a merced de los buitres, que no esperarán a que muramos para empezar su festín.

2 comentarios:

Martín Núñez dijo...

Que buenos los Golpes Bajos. Recuerdo esa "Cena recalentada", " A santa campaña", "Hansel y Gretel" y los "Santos de Devocionario".
Copinni en estado puro.
Espero que esos tiempos que auguras tarden en llegar, y, si llegan, pues eso "A porta Gayola" por usar un símil taurino, eso sí, sin ofender al toro por comparación con los que quieren, de cualquier modo, llegar a la poltrona. Salud

Juan Carlos Doncel dijo...

Eso está claro, nos plantamos en la puerta de chiqueros y con dos narices esperamos a la "bestia", que ya nos gustaría que fuera como un toro.