a mi padre, que murió soñando con un mundo más justo

miércoles, 14 de abril de 2010

hoy es 14 de abril

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Hoy no es un día cualquiera, es un día importante. Algunos compañeros me han felicitado y yo he felicitado también. No es fiesta nacional, tampoco mi cumpleaños, ni mi aniversario, hoy es 14 de abril, el día que se proclamó la II República Española. Para muchos, entre los que me incluyo, es una fecha que llevamos y llevaremos siempre en el corazón. Fueron muchos los que murieron en su defensa y fue mucho lo que representó.

Con sus luces y sus sombras, aquel periodo de nuestra historia puede ser condensado en una sola palabra. Hace unos días un buen amigo y compañero la escuchó en boca de uno de sus alumnos de 1º de ESO. El alumno habló sobre la República y de sus sentimientos republicanos, mi compañero le escuchó y, ninguneándolo, le dijo: “sabrás tú lo que es la República, niño”; el alumno le contestó: “la República es igualdad”, mi amigo no se esperaba esa respuesta tan precisa y verdadera. Eso fue la República, el mayor sueño de igualdad de nuestra historia, la primera vez los “mataos”, los muertos de hambre, “los que valen menos que las balas que los matan “(Eduardo Galeano), sintieron que un Estado no era una maquinaria de explotación y sometimiento sino un camino abierto a la esperanza y la ilusión por un mundo mejor y más justo.

Contento me levanté hoy, pero triste estoy esta tarde. He venido hace unos minutos del cementerio de Cáceres, a las 5.30 y como cada año, se celebraba un modesto acto de recuerdo a las 196 personas asesinadas en sus cercanías y allí enterradas. El tiempo no acompañaba, tarde lluviosa, oscura. El monolito que recuerda a las víctimas, con una inscripción aséptica y fría, había sido, por si fuera poco, eliminado aprovechando unas obras; la lápida de granito estaba apoyada en la pared, como si sobrara, como si la fueran a tirar un día de estos. Muy cerca, unos obreros hacían un ruido ensordecedor con una radial, hubo que pedirles que pararan. Seguía lloviendo. Esperábamos a una hija de víctimas de los franquistas, que no llegaba. Se dijeron unas palabras, pocas, el puñado de asistentes esta contrariado por la situación. Alguién colocó junto la lápida un pequeño reproductor de CD y sonó muy bajito el himno republicano, el aparato no tenía potencia. Me daba mucha pena, a muchos se les llena la boca defendiendo a Garzón, pero hoy sólo 20 personas recordaban a los fusilados ante un lápida mal colocada y un pequeño aparato que hacía sonar una música bajita, como para no molestar. A lo mejor si hubieran traído un aparato más potente nos hubieran denunciado. Por fin llegó la mujer, mataron a sus dos tías en Cáceres, pero a sus padres los tiraron al Tajo, la mujer estaba emocionada, la aplaudimos. Terminó de hablar. Era todo muy triste, la gente ya se iba cuando le dije a mi amigo Pepe, “no hemos gritado viva la República”, “coño, es verdad” dijo él. Pepe lanzó un VIVA LA REPÚBLICA. Todos respondimos. Ya no llovía y un megáfono (a las 6 cierra el cementerio) nos conminó a abandonar el camposanto. El acto había terminado.