a mi padre, que murió soñando con un mundo más justo

jueves, 14 de abril de 2011

otra vez es 14 de bril


Hoy es día 14 de abril. Hace 80 años se proclamó la II República. Como he hecho los últimos años, estaré en el cementerio para recordar a las víctimas del franquismo y allí gritaré ¡Viva la República!. Como el año pasado, quiero homenajearla en mi blog y lo quiero hacer con esta foto que una amiga hizo el otro día con su móvil cuando paseábamos por el centro de Salamanca. Seguro que el troglodita del alcalde no se ha dado cuenta de que los encargados de jardines le han colocado un bonito gol en pleno abril. También la corservadora Salamanca es republicana en abril.

No es la primera vez que he reflexionado en público sobre lo que para mí supone ese periodo histórico. No como historiador, sino como persona. Cuando miro atrás en nuestra historia, tengo pocos motivos para que se erice mi piel. Frente a los patriotas diversos, no siento nada cuando me recuerdan las grandes gestas patrias. No siento nada bueno, quizás una mezcla de desprecio e indignación, cuando me hablan de este puñado de conquistadores ávidos de fama y riquezas; cuando veo imágenes de los tercios de Flandes dominando el mundo las veo con la misma distancia que si esos tercios fueran soldados rusos al servicio de Pedro el Grande. Cuando leo sobre Blas de Lezo, que defendió Cartagena de Indias con poco más de 3000 hombres frente a una flota británica con fuerzas diez veces mayores tampoco siento orgullo, solo lástima por las vidas perdidas; después del desembarco de Alhucemas nuestro glorioso ejército colonial de Marruecos restituyó el honor patrio frente a los salvajes rifeños, pero yo mientras lo explico a mis alumnos sólo pienso en los cientos de soldados bisoños, adolescentes muertos de miedo que murieron para satisfacer el capricho de un ejército corrupto e inútil ávido de colonias.

A mi me cuesta encontrar pasajes históricos heroicos que esté dispuesto a idealizar. Y me gustaría. Todos necesitamos gestas y héroes, pero mis héroes no tenían galones ni bastones de mando y a muchos el hambre les marcaba el rostro de por vida. Mis héroes son los jornaleros de la mítica "Mano Negra" cuyo solo nombre atemorizaba a terratenientes y capataces, mis héroes son los obreros que paralizaron España en 1917 o se levantaron en Barcelona unos años antes, mis héroes son todos los que intentaron construir una República social y laica. La República tuvo sus luces y sus sombras, sus miserias, pero consciente decido idealizarla. Como todos, necesito mi arcadia histórica. Los que vomitamos en sus gestas, en sus batallas, en sus glorias, necesitamos asirnos a algo y ese algo se llama REPÚBLICA. La igualdad y la justicia social, el laicismo, el respeto a la diversidad cultural y lingüística, la igualdad de género, la educación moderna, laica, gratuita y generalizada, la cultura con mayúsculas. Eso es la República, y eso sí me emociona.