a mi padre, que murió soñando con un mundo más justo

sábado, 27 de marzo de 2010

último discurso de Bartolomeo Vanzetti ante la corte de justicia

El caso de Sacco y Vanzetti fue un polémico proceso por asesinato celebrado en Massachusetts, que duró desde 1920 hasta 1927. Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, dos emigrantes italianos que llegaron a Estados Unidos en 1908, fueron acusados del asesinato de un cajero y de un vigilante y del robo de más de 15.000 dólares en una fábrica de zapatos de Massachusetts en abril de 1920. La ejecución de Sacco, zapatero de profesión, y de Vanzetti, vendedor ambulante de pescado, en 1927, suscitó una unánime repulsa internacional. El Estado basó su acusación en pruebas que muchos consideraron circunstanciales e insuficientes, también se produjeron testimonios contradictorios entre los testigos. El juez y los miembros del jurado fueron acusados de actuar con prejuicios y cuando el jurado pronunció su veredicto de culpabilidad, surgió la protesta por parte de sectores izquierdistas e intelectuales de todo el mundo, que afirmaban que los dos hombres habían sido condenados por el simple hecho de ser emigrantes y anarquistas.

Reproduzco a continuación el último testimonio de Vanzetti ante la Corte de Justicia. Sus palabras estremecen y emocionan.


He estado hablando mucho de mí mismo y ni siquiera había mencionado a Sacco. Sacco también es un trabajador, un competente trabajador desde su niñez, amante del trabajo, con un buen empleo y un sueldo, una cuenta en el banco, y una esposa encantadora y buena, dos niñitos
preciosos y una casita bien arreglada en el lindero de un bosque, junto a un arroyo.

Sacco es todo corazón, todo fe, todo carácter, todo un hombre; un hombre, amante de la Naturaleza y de la Humanidad; un hombre que lo dio todo, sacrificó todo, por la causa de la libertad y su amor a los hombres; su esposa, sus hijos, su persona y su vida.

Sacco jamás ha pensado en robar, jamás en matar a nadie. Él y yo jamás nos hemos llevado un bocado de pan a la boca, desde que somos niños hasta ahora, que no lo hayamos ganado con el sudor de la frente. Jamás...

Ah, sí, yo puedo ser más listo, como alguien ha dicho; yo tengo más labia que él, pero muchas, muchas veces, oyendo su voz sincera en la que resuena una fe sublime, considerando su sacrificio supremo, recordando su heroísmo, yo me he sentido pequeño en presencia de su grandeza y me he visto obligado a repeler las lágrimas de mis ojos, y apretarme el corazón que se me atorozonaba, para no llorar delante de él: este hombre al que han llamado ladrón y asesino y condenado a muerte.

Pero el nombre de Sacco vivirá en los corazones del pueblo y en su gratitud cuando los huesos de Katzmann y los de todos vosotros hayan sido dispersados por el tiempo; cuando vuestro nombre, el suyo, vuestras leyes, instituciones, y vuestro falso dios no sean sino un borroso recuerdo de un pasado maldito en el que el hombre era lobo para el hombre...

Si no hubiera sido por esto yo hubiera podido vivir mi vida charlando en las esquinas y burlándome de la gente. Hubiera muerto olvidado, desconocido, fracasado. Ésta ha sido nuestra carrera y nuestro triunfo. Jamás en toda nuestra vida hubiéramos podido hacer tanto por la tolerancia, por la justicia, porque el hombre entienda al hombre, como ahora lo estamos haciendo por accidente. Nuestras palabras, nuestras vidas, nuestros dolores ¡nada!.

La pérdida de nuestras vidas -la vida de un zapatero y un pobre vendedor de pescado- ¡todo! Ese momento final es de nosotros, esa agonía es nuestro triunfo.



2 comentarios:

Martín Núñez dijo...

Cuantas injusticias querido compañero. Seguro que cuando paseas por allí, por las sierras de tu Gata de adopción, las
cosas parecen más sencillas. Habrá que continuar,cada uno a su manera, intentando que cada vez haya menos zapateros o vendedores de pescado a los que se les
tengan que cantar baladas, por su muerte
.

Felipe sanchez Martin dijo...

Pues hablando de baladas, no sé si conceis la canción de Moustaki para Sacco e Vanzetti, es "la hostia", para nada una balada, es todo un arma que te pon el corazón para la lucha. Por cierto que, aunque no venga al caso, qué s parece lo que la panda fachas le están preparando a Garzón. Para vomitar de asco y verguenza. Estoy muy cabreado, lo siento.