lunes, 10 de septiembre de 2012
catalanes
martes, 12 de junio de 2012
los "nuestros"
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| Di Natale festeja el gol de Italia en el último enfrentamiento España-Italia |
martes, 1 de marzo de 2011
un apátrida frente al nacionalismo español

Estoy aburrido de escuchar por todos los rincones y las esquinas la misma cantinela, que resuena como un mantra interminable: "estoy de los catalanes hasta las narices", "esos vascos lo que necesitan es la pena de muerte", "esos imbélices son españoles les guste o no y lo que tienen que hacer es hablar el castellano", "sólo hablan esos dialectos para joder y molestar", "son unos ambiciosos que se lo quieren llevar todo". Si no tuviera las cosas claras, yo también habría sucumbido al atractivo recurso de buscarme un chivo expiatorio al que echar las culpas de mis males y mis propios defectos y limitaciones.
Pero yo no tengo patria, nunca la he tenido y nunca la tendré. Sí tengo una cultura, una lengua y una tierra; aunque mi cultura, mi lengua y mi tierra no incluyen ni excluyen por la fuerza, no obligan, no imponen. Vivo en un Estado (no Nación ni Patria) del que soy ciudadano con unos derechos, que siempre exigiré y defenderé. Mi Estado, País o como queráis llamarlo, tiene rasgos que no me gustan pero otros me fascinan, esos que muchos desprecian o cuestionan, como que es una sociedad plural lingüística y culturalmente, enormemente diversa.
El nacionalismo español, del que nadie habla pero que esta omnipresente, pasa de puntillas sobre esa realidad y lleva dos siglos obsesionado por construir una idea de España falsa y simplificadora, descalificando permanentemente a otros nacionalismos (catalán, vasco, gallego). Hay una sola nación buena, verdadera, auténtica, las otras son invenciones creadas a partir de una mitología surgida de la nada. Esta perspectiva recuerda a las religiones, todas ellas se consideran única verdadera, el resto es superchería o exotismo.
La patria vasca (Euskal Herria) o los países catalanes se fundamentan, como la gran nación española, en una construcción artificial, humana y reciente en el tiempo basada en mitos, falsedades históricas y un evidente control de la educación. Su fundamento no es más estúpido que los pilares que sostienen la sacrosanta patria hispánica.
Cuando los nacionalistas españoles, que nunca se autodenominan así, lanzan sus diatribas contra el sistema educativo catalán que ningunea el Ebro fuera de las fronteras de Cataluña y no se preocupa de los Pirineos fuera del territorio catalán, llaman a los gobernantes catalanes falsificadores de la verdad y gente cerrada de miras. ¿Y qué creen que son ellos?, lo único que los diferencia de sus denostados nacionalistas periféricos es donde ponen los límites. ¿Le preocupa a esos nacionalistas españoles que los alumnos españoles conozcan que el Tajo pasa por Abrantes, que la Sierra de la Estrella forma parte del Sistema Central, que el Mondego y el Sado desembocan en el Atlántico?. Cuando hago estudiar estos topónimos mis alumnos se resisten y no lo entienden; yo les respondo que España no es una realidad física sino una construcción política y artificial; los ríos , las montañas y los pájaros no conocen fronteras. La única unidad física estudiable es la Península Ibérica y no España.
Todas las patrias son iguales, tan heroicas como cualquier otra, tan embarradas como cualquier otra, tan falsas como cualquier otra. No hay patrias mejores o peores, no hay patrias verdaderas o falsas.
martes, 13 de julio de 2010
al menos en el balcón de este blog ondea la BANDERA TRICOLOR, no la rojigualda
domingo, 27 de junio de 2010
gracias, Aznar

“Los votantes de izquierdas son demasiado críticos con sus partidos y candidatos, se frustran con frecuencia, exigen mucho. Eso es bueno, pero hasta cierto punto; puede llevar al desencanto, a la apatía, al rechazo general a la política y a la pasividad. Los votantes derechistas no se frustran, no exigen coherencia ni castigan la corrupción; se presente quién se presente siempre votan, aunque sea a rastras van a votar. Una vez, en un pueblo de Extremadura, mi hermano escuchó de boca de una votante del PP la siguiente frase sobre el candidato municipal de su partido: “me da igual a quién presenten, aunque fuera un perro lo votaría”.
Durante muchos años yo he sido de esos izquierdistas desencantados con una democracia de la que esperábamos más, con unos partidos que nos decepcionaban cada día, y como ellos, no votaba. Pero un día llegó al poder José María Aznar y todo cambió. Su gobierno, especialmente sus cuatro últimos terribles años, me enseñó muchas cosas y me hizo recordar otras. Ese que quiso pasar a la Historia como un nuevo Felipe II, con su arrogancia y prepotencia, volvió a dar sentido a las palabras IZQUIERDA y DERECHA, nos alertó de la pervivencia del franquismo y su legado, nos movilizó e unió frente a una amenaza real y cercana. Los desquiciantes días que transcurrieron entre el 11 y el 14 de marzo fueron la culminación; esos días, llenos de mentiras y manipulación, muchos los vivimos con una intensidad que nunca olvidaremos. Sin José María yo no habría vuelto a votar, él colocó a todos en su sitio y se quitó la máscara, la suya y la de la derecha española y yo se lo agradezco profundamente.
Desde hace más de diez años no he faltado a una cita electoral. Desde entonces y hasta que me lo permita mi salud iré al colegio electoral a depositar mi voto, aunque sea a rastras, como hacen ellos. Puede que mi voto sea consumido por la ley electoral y no llegue a tener valor práctico, puede que el desencanto vuelva a apoderarse de mí, pero ya nunca dejaré de votar. Es una forma legítima y libre de hacer frente a la arrogancia y altanería de quienes se creen los verdaderos dueños de este país”.
Estas palabras las escribí hace unos meses. Desde entonces han ocurrido muchas cosas. Hoy, el presidente Zapatero dirige un país de forma errática, sometido a la tiranía de los mercados, auténticos dictadores que actúan con impunidad ante la postración social. En estos días la izquierda se muestra vulnerable y cabizbaja: los partidos de centro-izquierda con aspiraciones de gobierno asumen con resignación una postura pragmática que los desnaturaliza por completo, la izquierda minoritaria (a la que voto) se mantiene en posturas trasnochadas, acordes con siglos anteriores pero incapaz de asumir los cambios en el sistema de producción y la crisis del Estado del bienestar que estamos viviendo; esta izquierda a la izquierda se empeña en movilizar a un supuesto proletariado que ya no existe o, en todo caso, no se considera como tal. Pronto ser de izquierdas será un esnobismo propio de clases medias. Las clases bajas, azuzadas por el miedo a perder lo conseguido y nerviosas ante la competencia extranjera (inmigración), se volverán progresivamente conservadoras, desconfiadas con las ideas aperturistas y sumisas frente a los recortes sociales.
A pesar de todo lo que acabo de decir, estoy empeñado en ser un tozudo trasnochado dispuesto a no asumir sin resistencia la ola de 20 metros que, ineludiblemente, nos va a arrastrar, quizás para siempre. Y creo también que, a pesar de la que está cayendo, es mucho mayor la amenaza que supone un nuevo Káiser aznariano que un dubitativo converso Zapatero. De manera que seguiré votando, y votando, y votando……..

